Una nueva perspectiva

La Declaración “Nostra Aetate” (octubre de 1965) es el documento oficial que permitió al mundo católico, por un lado, reflexionar sobre su propia historia e identidad y, por otro, replantear su relación con el judaísmo y con el pueblo judío. Con esta Declaración, la Iglesia ha dado un gran salto en su relación con el judaísmo y el pueblo judío con la elaboración de una nueva enseñanza a través de documentos publicados a lo largo de más de 50 años. Esta nueva forma eclesial de pensar sobre el judaísmo insta a los católicos a tener una nueva actitud cristiana hacia el pueblo judío y el judaísmo. Sin embargo, sin una clara conciencia cristiana de nuestra fe y tradición, el judaísmo sigue siendo extrínsico a la fe cristiana.

El Concilio no está creando nada nuevo, sino haciendo posible que los católicos redesifiquen su relación con el judaísmo y con el pueblo judío, que se perdió u olvidó a lo largo de la historia.

Obviamente, el abandono de estos valores, o el olvido, no ocurrió por casualidad. Ese fue el resultado de la elaboración del pensamiento y la práctica a lo largo de muchos siglos, con enseñanzas teológicas que resultaron ser una desviación de la verdadera vocación e identidad de la Iglesia. Esto es lo que Jules Isaac llamó “enseñanza de desprecio”.

Ahora debemos adoptar una actitud en dos niveles:

Ad intra: ¿Cómo nosotros como cristianos católicos debemos concebir nuestra fe cristiana en relación con la existencia del pueblo judío con las promesas de Dios hacia ellos hasta nuestros días?

Ad extra: Un encuentro con el judaísmo, no sólo con el judaísmo bíblico del pasado, que existió hasta la destrucción del Segundo Templo, y que no podemos olvidar, ya que también forma parte de nuestra propia historia; pero se trata de encontrar el judaísmo perenne, el que sigue vivo entre nosotros en la realidad histórica de hoy. Se trata de conocer y reconocer al pueblo judío tal como se define hoy y, sobre todo, conocer a las personas que regresaron a su tierra, la tierra de Israel.

La relación ad intra lleva al cristianismo a descubrir sus raíces y su relación de dependencia con el judaísmo. Por otro lado, el encuentro con el judaísmo vivo, que es concreto a lo largo de la historia y hoy, produce una clara conciencia de la identidad cristiana en su conjunto realidad, injertado en las buenas raíces del pueblo judío, estableciendo una visión del judaísmo tal como es , en su historia, en sus valores, y en su Tierra, con un valor existencial para ellos y un nuevo entendimiento teológico para nosotros.

Elio Passeto, nds