Hijo de su pueblo

Es sobre todo en virtud de su origen histórico que la comunidad cristiana descubre sus vínculos con el pueblo judío. En efecto, la persona en la que pone su fe, Jesús de Nazaret, es él mismo hijo de este pueblo. También lo son los Doce, a quienes escogió “para estar con él y ser enviados a proclamar el mensaje” (Mc 3, 14). Al principio, la predicación apostólica estaba dirigida únicamente a los judíos y a los proselitistas, paganos asociados a la comunidad judía (cf. Ac 2, 11). El cristianismo, entonces, nació en el seno del judaísmo del siglo I…

Una manifestación perenne de este vínculo con sus inicios es la aceptación por parte de los cristianos de las Sagradas Escrituras del pueblo judío como la Palabra de Dios dirigida también a sí mismos. [1]

– Debido a esto, aquellos que consideran los meros hechos culturales contingenten que Jesús era judío y que su entorno fuera del mundo judío – información que creen que puede ser reemplazado por otra tradición religiosa sin que la persona de Jesús perdió su identidad – estas personas no sólo desconocen el significado de la historia de la salvación, sino que atacan radicalmente la verdad real de la Encarnación, haciendo así imposible una auténtica inculturación. [2]

[1]. La Pontificia Comisión Bíblica, el Pueblo Judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia Cristiana (2002), no 2.

[2]. Papa Juan Pablo II a un Simposio sobre las Raíces del Antijudaísmo, viernes 31 de octubre de 1997.